Los dientes de leche no se pierden

Publicado el : 05/03/2019 10:44:05
Categorías : Celebraciones

Los dientes de leche no se pierden

A Andrés se le cayó un diente mientras comía el bocata del almuerzo en el cole. Lo notó desprenderse, se tocó y ¡por fín, el Ratoncito Pérez vendrá esta noche! Pero, ¿dónde está el diente?, ¿me lo habré tragado? Pensó muy asustado.

¡No os preocupéis, niñas y niños del mundo!, el Ratón Pérez siempre encuentra los dientes de leche y al día siguiente deja su regalito debajo de la almohada pase lo que pase. Por eso es mágico, ¿no?

¿Y qué me traerá cuando lo encuentre?, pensó Andrés. Me encantaría que se acordara de lo mucho que me gustan los dinosaurios: triceratops, tiranosaurus rex, brachiosaurio… ¡el Ratón los puede encontrar todos en Toy Planet! Pero a Andrés también le gustaba la idea de ser enfermero, pues su amiga Marta le había contado que a ella le trajo todo un kit médico con todo lo necesario para curar a toda la familia, entonces, ¿qué le traerá el Ratón esta noche? Y pensando, pensando llegó a la conclusión de que estaba claro, ¡iba a ser el patinete de la Patrulla Canina que tiene su prima Laura!, ¿o mejor unas gafas de nadar como las de Marcos? En breve empezará el curso de natación en el cole.

Como su hermanita todavía era pequeña para que se le cayeran los dientes, pensó que a lo mejor podía traerle algo que pudieran disfrutar los dos. ¿Qué podía ser? Un puzzle de madera de esos de encajar piezas le encantaría, pero las pompas de jabón sí que le chiflaban, ¿qué tal una máquina de esas que no dejan de tirarlas por el aire?

 

Andrés esperaba nervioso la llegada de la noche y reconocía un pequeño gusanillo en la tripa por si se despertaba en la madrugada y lo veía. ¿Qué le diría?, seguramente que no comiera tantos dulces porque le podían salir caries. ¿Vendrá el Ratón si el diente que se cae tiene caries?

Bueno, bueno, ya estaba empezando a parecerse su padre cuando se preocupa demasiado por su jefe y sus tareas en el trabajo. La realidad es que él sabía que todos los niños y niñas que hayan sido buenos y obedientes reciben su regalito de la mano del ratón más conocido de la historia. ¿Te la contamos?

 

Historia de Don Pérez

 

Este pequeño roedor lleva más de cien años llevando regalitos a las casas de los niños y niñas españoles cuando pierden una pieza, y aquí tenéis el cuento original del Padre Luis Coloma (1851-1915), miembro de la Real Academia Española desde 1908.

 

Todo empezó cuando desde Palacio le pidieron al padre Coloma que escribiera un cuento para el niño Alfonso XIII de ocho años, al que se le acabab de caer un  diente. Y así fue cómo al jesuita, que también escribió las novelas “Pequeñeces” o “Jeromín”, se le ocurrió esta historia protagonizada por el rey Bubi, que era como la Reina Doña María Cristina llamaba a su hijo, el futuro Alfonso XIII.

En el cuento se habla del precioso viaje que el pequeño Rey Buby inicia de la mano del Ratón Pérez, transformado a su vez en un pequeño ratoncito, para conocer como vivían sus pequeños súbditos, algunos de ellos muy pobres, como el niño Gilito. En este viaje, Buby aprenderá valores como la valentía, el cuidado de sus súbditos y la generosidad.

 

Al rey Bubi I de tan solo 6 años, se le empezó a mover un diente cuando se comía una sopa. Tras mucha deliberación el médico de la corte decidió que se debía sacarlo. Tras anudarlo con un hilo de seda el médico consiguió sacárselo limpiamente y sin ningún contratiempo, pareciendo su diente blanco una perla brillante. El guardia de la corte se lo llevó a la reina y al consejo de ministros para decidir qué hacer con él.

Tras largas conversaciones entre los que estaban a favor de convertir el diente en una joya real u ofrecérsela a la imagen de la Virgen, la reina, madre del rey, decidió que éste escribiera una carta al Ratoncito Pérez para que, como mandaba la tradición, recogiera el diente que se depositaba bajo la almohada a cambio de un regalo.

El joven rey pues, guardó cuidadosamente su diente bajo la almohada y se sentó en su cama esperando a tener una conversación con el famoso Ratoncito Pérez. El ratón tardaba en llegar y el rey no pudo evitar caer dormido. Al cabo de un rato, algo le rozó la frente y se despertó. Encontró delante de sí un pequeño ratón con sombrero, unas pequeñas gafas y una mochila de color rojo. La conversación entre el Ratoncito Pérez y su majestad el rey Bubi I transcurrió fluidamente y de manera rápida se convirtieron en amigos. Tanto es así, que el rey acompañó al ratón a casa de otro niño que de la misma manera acababa de perder un diente.

Pero antes debían de pasar por casa del Ratoncito Pérez para recoger el regalo de este niño, cuyo nombre era Gilito. Por el camino, el ratón ofreció un té caliente a su majestad. Por un acto de descuido el ratón metió la punta de su larga cola en la pequeña nariz del rey, que al estornudar... ¡quedó convertido en un ratón!

De esta manera los dos ratones se cogieron de la mano y prosiguieron su camino hasta el hogar de los Pérez. Tuvieron que cruzar la zona de los tranvías pero al fin llegaron. Pérez presentó al rey como un ratón extranjero. En la casa se respiraba un ambiente distinguido, educado y burgués. Adelaida y Elvira, las hijas del Ratoncito Pérez sirvieron más té. El hijo, Adolfo, acababa de llegar del Club donde jugaba al polo y al pocker. Tras un rato, los dos ratones se despidieron cortesmente y prosiguieron su cometido.

En la historia, el ratoncito Pérez y el jóven rey Bubi se hicieron amigos pero el camino no estaba exento de peligros. Velozmente y con el mayor de los cuidados el Ratoncito Pérez estiró fuerte de la mano al rey ratón para cruzar una cocina sin ser cazados por D. Gaiferos, el gran gato de aquella casa. En la buhardilla de la misma vivía Gilito. Cuando consiguieron llegar al rey Bubi se le partió el corazón; Gilito compartía una estrecha cama de paja con su madre en una habitación sin muebles y mohosa. Se preguntó cómo es que había niños que vivían de esa manera con todo lo que él tenía en su palacio. Así el Ratoncito Pérez le enseñó la moneda de oro que iba a intercambiarle a Gilito por su diente al rey, para consolarle de algún modo.

 

El Ratón Pérez es, en palabras de  Luis Coloma, «pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja, terciada a la espalda». La primera edición del cuentoes del año 1902 y tiene una reedición ilustrada de 1911. Este manuscrito se conserva desde 1894 en la biblioteca del Palacio Real. ¿No sería maravilloso poder verla?


De alguna manera, Ratón Pérez permitió la fijación de la tradición y de uno de sus elementos más importantes como es el regalo de una moneda de oro a cambio del diente caído bajo la almohada. Y no sólo en España, sino en la mayor parte del ámbito cultural hispanoamericano. Con el tiempo de la moneda se ha pasado a regalitos que a los niños les hacen soñar, ya que la moneda en sí no es lo que más les seduce ( a no sedr que sea de chocolate, claro).

 

Homenaje al Ratón Pérez

 

Posteriormente, el ayuntamiento de Madrid le hizo un homenaje a este ratoncito de leyenda instalando una placa conmemorativa en la calle del Arenal, número 8. El mismo lugar, precisamente, en el que el padre Coloma situó la vivienda del ratoncito con el siguiente texto: «Aquí vivía, en una caja de galletas en la confitería Prast, Ratón Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el niño Rey Alfonso XIII».  Desde entonces es toda una tradición en España y en la gran mayoría de los países de habla hispana donde se le llama Ratón de los dientes, pero también en Francia donde es el Ratoncito, sin más; en Italia se le llama Topolino o Topino -que significa Ratoncito- y en los países anglosajones se le ha denominado Tooth Fairy, el Hada de los dientes.

 

Andrés y sus amiguitas y amiguitos seguirán soñando con él hasta que pierdan todos los dientes de leche, y el Ratón Pérez siempre seguirá vivo mientras haya peques que así lo crean y padres y madres que se lo recuerden. ¡Qué bonito!, ¿no?